Ponte en manos de tu maestro interior III


Sigue TU voz…

Para que podamos actuar de corazón, tenemos que ser felices.

Obtener, en realidad, no significa nada y dar significa todo.

Presta atención a tu voz interior, es la manera de no perderla de vista. Deja de escuchar a la voz de tu sistema de pensamiento, esa ya sabes a donde te lleva.

Si quieres vivir dichoso, antes tienes que estar completamente dispuesto a compartirlo y fomentarlo con y en los demás.

El único estado posible de plenitud es el Amor.

Permítete conocer a los demás como te conoces a ti mismo.

Este mundo es un mundo de ideas, acéptalo y la creencia en la falsa conexión entre dar y perder del ego, desaparecerá.

Los pensamientos se expanden cuando se comparten. Cuánto más crees en ellos, más poderosos se tornan. todo es una idea.

Tu Ser Esencial se encuentra en tu mente recta. Piensa tal y como tú, como Ser Esencial, eres.

Elige escuchar una de las dos voces que se encuentra en ti. En este mundo es posible oír una sola voz. Una la inventaste tú, la otra no. Escucharla requiere esfuerzo, así como un gran deseo de aprender.

ESA voz no exige nada ni da órdenes, es simplemente un recordatorio. Es serena y te hace sentir paz, pues es de lo único que te habla, y esa es la elección correcta.

Todo lo que reconoces en los demás, lo reconoces en ti, lo compartes y lo refuerzas.

Si tus pensamientos te asustan es que no estás escuchando la voz adecuada, y eso sólo produce miedo.

Lo que tienes que recordar está en oposición a las nociones de tu sistema de pensamiento. La mente puede comprender el cambio.

El único aspecto eterno del tiempo es el ahora, el momento presente.

El entendimiento es luz, y la luz conduce al conocimiento.

No puedes comprenderte a ti mismo separado de los demás. Lo que percibes en otros, lo reflejas en ti.

Tienes que ver el mundo como un recurso de enseñanza. Haz todas la correcciones que tengas que hacer, procura aprender y mantén una actitud receptiva con respecto al aprendizaje. Tú no creaste la verdad, pero la verdad te puede hacer libre. Contempla desde lo que eres y entiende como tienes que entenderlo.

Sólo lo que es amoroso es cierto. La existencia del ego no se puede compartir.

Muestra a los demás que no pueden hacerte daño y que no les guardas rencor, pues de lo contrario te estarás guardando rencor a ti mismo.

Lo que enseñas es lo que aprenderás. Aprende a ver a los demás como lo que son, como lo que tú eres en verdad.

Todo tu pasado ya ha desaparecido, date cuenta.

El corazón siempre conserva y las manos pueden ofrecer todo.

La culpabilidad siempre altera. Todo lo que genera miedo obedece a las leyes de la división, y la división esta en una parte de tu mente que cree en ella. Si te identificas con esta parte de tu mente, experimentarás culpabilidad y tendrás miedo. 

Todo lo que aceptas en tu mente, se vuelve real para ti. Es tu aceptación lo que confiere realidad. la mente es capaz de crear realidad o de fabricar ilusiones. La mente que está libre de culpa no puede sufrir. 

¿Qué es lo que quieres? Es una elección la que tienes que hacer. Lo que tu has fabricado siempre se puede cambiar. Cualquier decisión de la mente afecta tanto al comportamiento como a la experiencia.

Si haces el intercambio, reemplazarás simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz. El ego siempre habla primero.

Lo que consideres digno de ser cultivado lo cultivarás en ti mismo. Considerar que algo es valioso es lo que lo hace valioso para ti.

Desecha los pensamientos no amorosos. 

Para el ego deshacer significa destruir. El ego no es destruido porque forma parte de tu pensamiento, pero como no es creativo, puede ser reinterpretado de otra manera para liberarte del miedo.

Es a ti a quien le corresponde decidir dónde has de buscar para encontrarte a ti mismo.

La paciencia que tengas con los demás es la que tendrás contigo mismo. Sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos. El ego no es paciente. La paciencia infinita recurre al amor infinito.

El tiempo no tiene sentido, recuérdalo.

La cordura no es otra cosa que plenitud. Siempre que no te sientes dichoso es porque has reaccionado sin amor.

 

Con todo mi amor;

 

Rebeca

 

 

 

 

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